lunes, 6 de diciembre de 2010

La democracia del consumidor

Siempre he estado de acuerdo con la idea de que la democracia no tiene nada que ver con las urnas. No me malinterpretéis, no quiero decir que las elecciones no sean el pilar del sistema democrático. Al contrario, sin duda nuestra visita a las urnas es el gran vínculo que mantenemos con el sistema de gobierno, nuestra oportunidad de elegir entre las marcas políticas que se nos ofrecen. Y si me refiero a los partidos como marcas, es porque la marca es lo único que queda en un mercado saturado en el que ya no se distinguen los productos.

Lejos de hablar de un desengaño político, la idea que quería expresar en este artículo es que siempre he considerado que nuestro gran "acto de participación democrática" es el que ejercemos cada día como consumidores.

Como consumidores tenemos la oportunidad de elegir si gastar nuestro dinero en un producto o en otro, podemos elegir si financiar una empresa u otra. Así podemos "votar" por una marca que defiende nuestras ideas o por otra que no; por una que fabrica en nuestra provincia dando trabajo a nuestros vecinos o por otra que trae sus productos de China pagando salarios de miseria; por una que respeta el medioambiente o por una que no...

En una economía de mercado sin duda este debería ser el gran gesto democrático, el ser capaces de elegir como consumidores a las empresas que influyen en nuestra sociedad. Porque las empresas no son nada sin sus clientes, y es ahí donde está el verdadero poder del consumidor.