Una de las claves del lenguaje publicitario ha sido siempre la de ser capaces de llegar a nuestro público objetivo. Son muchas las razones por las que un mensaje puede no ser aceptado o entendido por nuestro target, y una de ellas es la de no utilizar el código necesario.
Tanto es así que resulta habitual ver como muchos de los mensajes terminan perdiendo su eficacia por no hablar en el idioma del destinatario, por no haber sido capaces de conseguir que este receptor consiga empatizar con el emisor. Es cuando se pierde esa empatía que nuestro mensaje se convierte en un murmullo que pasa desapercibido. Y si esto sucede en los mensajes comerciales, aún más suele suceder en aquellos cuyo fin es el de educar, formar o concienciar.
Llevándolo a un escenario más cotidiano podríamos poner el ejemplo de una madre que habla a su hijo de la importancia de no hacer una cosa... y compararlo con la efectividad del mismo mensaje viniendo de un hermano mayor o de un amigo. Algo similar sucede con los mensajes publicitarios. Si el emisor no es capaz de adaptarse a los códigos de su audiencia corre el riesgo de ser percibido como una madre, o lo que es peor, como una empresa que pretende vendernos la moto.
Sin embargo, cuando el trabajo es bueno, el publicista puede ser capaz de romper esta "barrera idiomática" y alcanzar a su audiencia, ser un amigo, un hermano, y no una madre. Toda esta teoría viene a servir de "comentario" para un anuncio que acabo de encontrar, y que me ha parecido un ejemplo brillante de aplicación del código adecuado. El uso del clásico saludo motero sirve para abrir la puerta al mensaje, para bajar las barreras habituales de un mensaje institucional y conseguir acercarnos a la audiencia. Se trata de una publicidad de moteros para moteros.
Aquí os lo dejo.
