Nunca me he sentido capaz de contestar esta pregunta con menos de seis respuestas. Respuestas entre las que incluiría sin duda los tres spots que más me han marcado, un cartel que me impresionó, y un ridículo mupi de una marca de sopa.
Del primero de esos anuncios ya os hablé hace algún tiempo, hoy os voy a presentar a uno de sus hermanos. Es un spot que para mí siempre ha representado un uso brillante de la reducción al absurdo en publicidad. Se trata de una campaña anti-tabaco lanzada por la UE hace algunos años. Una campaña que siempre he utilizado en mis pequeñas cruzadas para intentar disuadir a mis amigos fumadores.
¿Y qué hay de destacable en esta campaña? Todo... o al menos lo más importante. El estudio de la psicología del fumador es bueno. El análisis de sus motivaciones es inteligente. La elección del eje del mensaje es brillante, y el concepto creativo es magistral.
La historia empuja hacia el absurdo el acto de fumar, lo desnuda, lo descarga de todas sus connotaciones de elegancia y placer. Nos muestra un reflejo crudo y doloroso, pero suficientemente lejano como para hacernos reflexionar.
Os hablé de seis respuestas, pero solo he mencionado cinco anuncios. Mi sexto puesto es bastante infiel, un puesto itinerante ocupado por el último anuncio que ha conseguido impresionarme.
Desde hace unos días ese puesto pertenece a la última campaña de la farmacéutica Lilly. Un anuncio muy inteligente, con un eje de mensaje bien planteado y enfocado a eliminar el principal freno del consumidor: el de no reconocer que necesita ayuda. El concepto creativo nos planta de nuevo delante de un espejo. Su metáfora nos lleva hasta un absurdo que permite al espectador dar un paso atrás y reflexionar. Me quito el sombrero.
Desde hace unos días ese puesto pertenece a la última campaña de la farmacéutica Lilly. Un anuncio muy inteligente, con un eje de mensaje bien planteado y enfocado a eliminar el principal freno del consumidor: el de no reconocer que necesita ayuda. El concepto creativo nos planta de nuevo delante de un espejo. Su metáfora nos lleva hasta un absurdo que permite al espectador dar un paso atrás y reflexionar. Me quito el sombrero.
Están brutales ambos anuncios, dejan todo claro como cual cuento, como una metáfora moderna pero con muy pocos tapujos.
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